Las bicicletas en el tránsito de la ciudad

Ya no quedan dudas que la bicicleta es el transporte mecanizado más ecológico de todos,  a la vez que su uso constituye un deporte muy saludable y duro, tanto a nivel profesional como aficionado.

Tampoco quedan dudas que una bicicleta en medio del tránsito de la ciudad aterra a muchos conductores, a la vez que consideran que representa un serio obstáculo para un tránsito fluido.

Hablamos de la inseguridad que la imagen de una bicicleta genera en sus propios usuarios y en muchos de los conductores de automóviles y camiones.

Obviamente que estos efectos no son deseados por los ciclistas y que el resto de los usuarios de las calles tenemos que aceptarlos y aprender a respetarnos los unos a los otros.

Una de las soluciones más efectivas y prácticas que se han experimentado es la creación de sendas exclusivas para circulación de bicicletas, llamadas ciclovías en muchos lugares, pero hasta que no se instalen por todos lados no hay más remedio que  aprender a convivir.

Características del tránsito en bicicleta

En general hay un apartado especial para el tránsito en bicicletas dentro del propio reglamento general de conducción.

Un ejemplo muy común es verlas circulando en filas de a dos y esto es debido a que es el único vehículo que lo tiene permitido.

Otra particularidad es que tenemos que considerar a un pelotón de bicicletas como un solo vehículo, no importa que largo sea, por lo que su adelantamiento no está permitido realizar en forma parcial.

Esta disposición nos indica que debemos elegir muy cuidadosamente la oportunidad para adelantarnos a un conjunto de bicicletas. La paciencia y la prudencia son puestas en estos casos a prueba en todos los conductores.

Un detalle importante es que nunca terminamos realmente de adelantarnos a una bicicleta, por la sencilla razón que cuando nosotros estamos detenidos en un semáforo o en un nudo del tránsito, la bicicleta que recién adelantamos nos pasa tranquilamente por el costado, volviendo a ponerse delante de nuestro camino y cuando retomamos la marcha debemos volver a encontrarnos una y otra vez detrás del mismo ciclista.

Esto no sucedería si el ciclista también estuviera obligado a respetar las filas de automóviles, pero ya sabemos como funcionan las cosas en las ciudades: los ciclistas argumentarían que su ritmo de marcha no debe interrumpirse por problemas que le son ajenos.

De todas formas, algo que ya hemos analizado en otros artículos, ganar unos pocos segundos en un adelantamiento arriesgado no justifica jamás correr el riesgo de hacerlo, menos cuando puede haber algunos actores del tránsito que están especialmente desprotegidos, como los ciclistas.

 

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