¿Puede dañarnos el Airbag?

Hay algunas experiencias reales con los airbag que no dejan de sorprendernos y que no debemos descartar a la hora de evaluar este elemento de protección de conductores y pasajeros.

Hay un caso conocido en el que dos amigos viajaban a velocidad regular por una carretera y de pronto el airbag del acompañante saltó de repente y lo golpeó fuertemente en la cabeza.

Es importante señalar que la ventanilla de su lado estaba abierta y el viento que entraba lo perjudicó, ya que al volumen propio del airbag tenemos que sumarle varias decenas de litros de aire que en cuestión de décimas de segundo le impactaron en la cara.

Esto le produjo daños en un oído y en un ojo, del cual casi perdió totalmente la visión. Un detalle no menor es que en la realización de los crash test siempre se deja alguna ventanilla abierta justamente para estudiar los efectos del aire sumados al de la bolsa.

Analicemos las posibilidades

Desde el punto de vista estrictamente físico el relato tiene asidero, ya que el inflado rápido de las bolsas produce un desplazamiento del aire del habitáculo del vehículo y por lo tanto la presión aumentará. Si la compresión es importante, se puede llegar a lesionar alguna parte de nuestro cuerpo sensible a estos cambios, por ejemplo nuestro tímpano, en nuestro sistema auditivo.

Lo que habría que determinar es cuan grande es el efecto de este aumento de presión y si eso puede llegar realmente a dañar a los ocupantes del vehículo.
Para tratar de darle una magnitud a nuestros cálculos tenemos que suponer que la temperatura del aire a medir no varíe, lo que en el muy corto tiempo que demora un airbag en desplegarse es casi un hecho.

También supondremos que todo el resto del sistema defensivo actúa perfectamente y que la cabina de pasajeros no sufre deformidad alguna.
La idea es que la única fuerza que cambia de un momento a otro es la desplegada por los propios airbag.

Un volumen aceptable y normal para una bolsa es de unos 60 litros, si suponemos que exploten los dos airbag delanteros y uno es un poco más poderoso que otro porque no tiene el volante de por medio, estamos hablando de unos 150 litros.

Dentro de la cabina tenemos aproximadamente unos 3 mil litros de aire, aunque obviamente esto varía de acuerdo a los modelos.

Nuestro fuerte no es la física, pero créanme que con estos datos, la variación entre el momento anterior y el posterior a la apertura de los airbag es de tan solo el 5 por ciento del volumen.
Esto equivale a sumergir la cabeza en una piscina a unos 55 centímetros de profundidad.  Si alguna vez lo hiciste y no te dañaste los oídos o los ojos, un golpe del airbag tampoco lo hará.
Resumiendo, el airbag no debe producir ninguna lesión de consideración porque su efecto es leve, el golpe es muy rápido, no es violento.

De todas formas, si el cuento que nos hicieron fuera cierto, no quiero ni imaginar como hubiera quedado su cabeza si se golpeara contra el volante o el parabrisas.

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